Enrique Muñoz Guerrero

Enrique Muñoz Guerrero

Es una lástima que los robles también se caigan y cuando pasa, nos queda la nostalgia de ver convertida su imponencia en un recuerdo llevado al alma, con el que continuamos viviendo hasta que nos llegue el turno de, también, morir.

Por eso me duele profundamente la muerte de Enrique Muñoz Guerrero, a quien tuvimos el honor de acompañar en más de una oportunidad y por eso sabemos que desconfiaba de quienes preferían la forma al fondo y de aquellos que no tenían el carácter de enfrentarlo y hacerle ver que también había personas que pensaban diferente y además tenían el valor de hacérselo saber. Alguna vez me dijo: “Uno no crece por los amigos; a uno lo hacen crecer, inevitablemente, los enemigos; por eso no le tengo miedo a quienes quieran enfrentarse conmigo, pues son ellos los que me han ayudado a entender lo que se debe hacer y sobre todo el cuándo y cómo se tiene que hacer”.

Me parece oírlo, con esa voz de trueno que acentuaba con su forma de mirar y con esa ironía con que contaba sus dificultades y la manera como pensaba resolverlas o las había resuelto.

Era además una máquina para fabricar empresas y siempre tenía, en su proyecto de vida, un nuevo propósito industrial, como si los que ya había realizado fueran pocos.

Continúo creyendo que si Santander tuviera la fortuna de tener media docena de hombres como él, no seríamos el departamento paria al que nos han conducido esos personajes que precisamente a él, como a nosotros, no nos brindan ninguna confianza.

Por eso creo que Santander perdió otro más de esos guerreros, hoy en vía de extinción, desde cuando cambiamos el valor de la palabra por la actitud ladina y el honor de ser, por el avariento deseo de tener.

Paz en su tumba y a sus familiares nuestra sentida condolencia. También nos duele a nosotros en el alma.

Publicada por www.vanguardia.com
OPINIÓN - COLUMNISTAS
Viernes 21 de Septiembre de 2012
Autor: Eduardo Pilonieta Pinilla

Última actualización en Lunes, 24 de Septiembre de 2012 12:55